martes, 17 de diciembre de 2013

VUELA EL CÓNDOR

Vuela el cóndor. Vuela, mientras algunos lo confunden con un Cuervo por sus plumas negras y su espíritu de luchador.
Vuela el cóndor. Vuela, cuando mil, millones de personas observan expectantes cada uno de sus movimientos. 
Vuela el cóndor. Vuela, en el preciso instante que una inocente sonrisa transforma su rostro, ya que de a poco ve como uno de sus compañeros se acerca a estrechar su mano santificada, en tanto otro le palmea levemente la espalda que soportó duras derrotas.
Vuela el cóndor. Vuela, en brazos de una multitud que lo alza y lo eleva hasta el cielo, de donde seguramente bajó la bendición que hace que hoy nos refiramos a él como una divinidad. 
Vuela el cóndor. Vuela, y no se detiene, porque con la misma rapidez que alcanza cada pelota se metió de lleno en cada corazón pintado de Azulgrana.
Vuela el cóndor. Vuela en silencio, cobijando la copa con una de sus alas, convencido de que cada vez que mencionen aquella noche consagratoria, Sebastián Torrico estará presente en el relato, por haber sido el arquero que con su valentía y voluntad se disfrazó de héroe.


Giuliana Pasquali
@giulipsl