UN CAUDILLO DE ALAS NEGRAS
Miralo... Miralo bien. Porque él no es un soldado más: no porta una filosa espada, pero se defiende con su garra. Y tampoco necesita armadura, su fuerte corazón que se endurece como piedra lo protege de cada golpe, mientras hierve la sangre Azulgrana que corre por sus venas.
Miralo... Miralo bien. Porque él no es un jugador más. Quizás sea uno de esos fieles que inmersos en locura se cuelgan del alambrado y cantan todo el partido, como muchos dicen. Seguramente un día se escapó de la Popular y se escondió dentro del vestuario, se calzó los botines y salió a la cancha.
Miralo... Por favor, miralo. Prestale mucha atención a esa melena gringa que se despeina con el viento y enfocate en sus ojos claros que encierran en ellos un espíritu de lucha del que pocos saben.
Miralo... Y no lo pierdas de vista, porque esa camiseta con la que envolvían su cuna cuando era chico mientras lo mecían al compás de los bombos que resuenan en cada partido, con el correr de los años se impregnó en su piel.
Miralo... ¡Ni se te ocurra darle la espalda! Porque en cada sector de la cancha él va a estar presente, corriendo tras la redonda, buscando estampar su firma como aquel día que recordamos todos mientras puchereamos evocando el momento en que un maravilloso cabezazo suyo tan preciso y repleto de juventud provocó que la tribuna simulara un derrumbe anunciando la permanencia.
Miralo... Haceme caso. Y cada vez que escuches sobre valentía, la imagen del caudillo Walter Kannemann se hará presente en tu mente.

Excelente!
ResponderEliminar♥ Sin Palabras! :')
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