miércoles, 12 de junio de 2013

PUÑITO CERRADO

El pasado lunes, San Lorenzo y Argentinos Juniors igualaron por la mínima, permitiéndole a Independiente darse un leve respiro ya que, si el conjunto visitante hubiese derrotado al local, el Rojo hubiese perdido la categoría de forma inminente.
Comenzaba el partido en plena noche cuya inmensa luna iluminaba aquel Nuevo Gasómetro repleto de gente que mantenía la esperanza de revertir la historia, siendo que en el año 1981, San Lorenzo descendió tras haber perdido frente al equipo de la Paternal y existía la posibilidad de que el Ciclón cobrara su venganza haciendo lo propio.
Parece ser que en el vestuario, previo al inicio del encuentro, todos estaban atentos al enfrentamiento que estaban disputando Newell's y Unión, donde la Lepra no sólo derrotó al Tatengue, sino también a la ilusión Azulgrana que continuaba en cada corazón Cuervo, de poder cumplir con la "tradición" de campeonar cada seis años.
Esto provocó que los jugadores ingresaran al campo vencidos y tuvieran un primer tiempo que dejaba mucho que desear. Aprovechando esta situación, a los 24', el conjunto a cargo del DT Ricardo Caruso Lombardi, quien fue bien recibido tanto por la parcialidad local, como por los jugadores, inclinó el marcador a favor suyo con un gol de Lucas Rodríguez que debutaba en las redes de Primera.
Sin poder revertir el resultado, el Ciclón fue al tiempo de descanso con la imagen de desazón de cada rostro presente.
Ya en el complemento, el elenco dirigido tácticamente por Juan Antonio Pizzi comenzaba a agotar las variantes, ingresando Fabián Bordagaray en lugar de Gonzalo Prósperi, y Alan Ruíz reemplazando a Enzo Kalinski.
El Bicho se mostraba superior pero el encuentro no podía terminar de ese modo. Tal es así que a los 12', un grito de desahogo revestido de esperanza y alegría estalló no solo en Boedo, sino también en Avellaneda cuando el juvenil Ángel Correa consiguió el empate.
Ninguno de los dos equipos lograron sacarse ventajas por lo que, cumplido el tiempo, el árbitro Fernando Rapallini que pitaba por primera vez un partido de San Lorenzo y quien fue muy criticado por el público local,  marcó el final del partido.
La gente del Ciclón se retiró del estadio algo enfadada, con un "gusto amargo" -tal como lo definieron algunos fieles-, pero entre tantos ceños fruncidos, no podía evitar asomarse una sonrisa ya que ese resultado consolidó la clasificación del Cuervo a la Copa Sudamericana.


Giuliana Pasquali

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