sábado, 26 de enero de 2013


LÍCITA ILUSIÓN

Esperaban tu desgracia, pero junto a millones de fieles lo impedimos, ya que te acompañamos hasta el final, mientras once guerreros te defendieron dentro de una cancha. Demostraste que la insignia más preciada es esa multitud de devotos, que proclamamos tu nombre aún cuando el fuego parecía arder más que nunca.
Derramé lágrimas y cerré los ojos, mas sólo te seguí con mi Fe. Y yo te juro que imploré el fin de la agonía, al igual que cada alma Cuerva. Pero no imaginábamos que íbamos a sufrir más en tu ausencia; viendo como de a poco, todos se acercaban a tu templo, para venerarte más allá que no lleves una corona con laureles, pese a que todos somos príncipes de esta pasión; ese donde miles de personas, ajenas en confianza se abrazaban entre sí, celebrando como hermanos; ahí donde me agarré rabietas, y dejé mi llanto revestido en alegría, mientras mi voz quedaba ronca por loar tu nombre y  mis brazos perdían poco a poco la estabilidad por el cansancio.
Y regresaste, glorioso como siempre, despertando lícitas ilusiones en cada uno de nosotros; permitiéndonos ignorar al menos por un rato ese séquito de críticas, soñando con desplegar nuestras negras alas, granas de optimismo, sobre el cielo azul, aunque sin otorgarle a la gloria que nos cegue para olvidar los objetivos entretanto nos deje inmersos en una nube de anhelos.
Pero otra vez volviste a caer en el hechizo de cada desalmado ajeno a tus colores, sufriendo sus críticas y padeciendo sus burlas, mientras la melodía de tu gente te permitía pensar en cada alegría que les supiste dar.
Y regresaste San Lorenzo, para reafirmar esa locura que nos liga a tu amor.


Giuliana Pasquali

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