RULOS DE
OPTIMISMO
Jamás pensé ser actriz;
mucho menos de una novela que ni siquiera involucraba algo más que una simple
opinión que en cuestión de minutos pasaba a ser una más del montón. Pero era un
papel complicado, donde me tocaba sufrir días de incertidumbre y noches de
insomnio, terminando por confundirme y desvanecerme en una nube de indecisiones.
Lo cierto es que en
esta historia era una simple espectadora, al igual que tantos otros, mientras que
el protagonista se esmeraba por hacernos partícipes a todos. Aquel que
despeinaba su melena de rulos rubios con el viento en cada galope, y al evocar
esa imagen quedé inmersa en recuerdos de un pasado glorioso, mientras las
lágrimas me caían emotivamente al ver su exquisitez para recuperar el balón,
así como su audacia para continuar con el juego y hasta regalarnos bellos
goles, consolidando en cada festejo aquel sentimiento tan particular que lo
impulsó a quedarse varios años en el corazón de cada hincha Cuervo, por más que
su partida haya dejado un gran espacio que supo cubrirse pero jamás llenarse
por completo.
Pero un día, esa
cabellera dejó de lucirse en Boedo, y emprendió un largo camino lejos de allí,
aunque nadie supo descifrar aquel mensaje oculto en el brillo tan particular de
sus ojos, cuando anunció que volvería, para continuar defendiendo la Azulgrana
a su modo, y llevar al equipo a la cima.
Como en todo cuento, no
podía faltar un conflicto que cambiara las sensaciones que este producía. Y así
fue. Cuando parecía estar todo acordado para su retorno, surgió una dificultad
que le impidió cumplir su sueño, al igual que el de cada hincha,
transformándose en una desilusión, casi tan grande como el incalculable cariño
que todos mantenían con él.
Sin embargo, la
cuestión continuaba latente, por lo que él jamás se rindió, animando a todos a
seguir. Hizo llegar sus palabras, despertando una pequeña luz de esperanza en
el alma de cada uno donde él aún permanece, anunciando su pronta llegada en
algunos meses; quizás con triunfos, tal vez con derrotas, pero con sus
infaltables rulos de optimismo.
Y así concluía la
novela, dejando una secuela perdida en Inglaterra, donde él continúa pidiendo
rescate, para convertirse en un soldado más del Santo ejército. Y así
terminaba, esperando que Fabricio Coloccini vuelva a calzarse la Azulgrana.
Giuliana Pasquali

Muy bueno. Me llegó al alma! Te esperamos Colocha!!
ResponderEliminarTremendo. Muy emotivo.
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