domingo, 27 de enero de 2013


RULOS DE OPTIMISMO

Jamás pensé ser actriz; mucho menos de una novela que ni siquiera involucraba algo más que una simple opinión que en cuestión de minutos pasaba a ser una más del montón. Pero era un papel complicado, donde me tocaba sufrir días de incertidumbre y noches de insomnio, terminando por confundirme y desvanecerme en una nube de indecisiones.
Lo cierto es que en esta historia era una simple espectadora, al igual que tantos otros, mientras que el protagonista se esmeraba por hacernos partícipes a todos. Aquel que despeinaba su melena de rulos rubios con el viento en cada galope, y al evocar esa imagen quedé inmersa en recuerdos de un pasado glorioso, mientras las lágrimas me caían emotivamente al ver su exquisitez para recuperar el balón, así como su audacia para continuar con el juego y hasta regalarnos bellos goles, consolidando en cada festejo aquel sentimiento tan particular que lo impulsó a quedarse varios años en el corazón de cada hincha Cuervo, por más que su partida haya dejado un gran espacio que supo cubrirse pero jamás llenarse por completo.
Pero un día, esa cabellera dejó de lucirse en Boedo, y emprendió un largo camino lejos de allí, aunque nadie supo descifrar aquel mensaje oculto en el brillo tan particular de sus ojos, cuando anunció que volvería, para continuar defendiendo la Azulgrana a su modo, y llevar al equipo a la cima.
Como en todo cuento, no podía faltar un conflicto que cambiara las sensaciones que este producía. Y así fue. Cuando parecía estar todo acordado para su retorno, surgió una dificultad que le impidió cumplir su sueño, al igual que el de cada hincha, transformándose en una desilusión, casi tan grande como el incalculable cariño que todos mantenían con él.
Sin embargo, la cuestión continuaba latente, por lo que él jamás se rindió, animando a todos a seguir. Hizo llegar sus palabras, despertando una pequeña luz de esperanza en el alma de cada uno donde él aún permanece, anunciando su pronta llegada en algunos meses; quizás con triunfos, tal vez con derrotas, pero con sus infaltables rulos de optimismo.
Y así concluía la novela, dejando una secuela perdida en Inglaterra, donde él continúa pidiendo rescate, para convertirse en un soldado más del Santo ejército. Y así terminaba, esperando que Fabricio Coloccini vuelva a calzarse la Azulgrana.


Giuliana Pasquali

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