viernes, 20 de febrero de 2015

GARRA CHARRÚA

La noche uruguaya, se pintó de Azulgrana. Pero costó, claro; más allá de llevar la insignia en el pecho, luciendo aquella honorable inscripción, que ahora, hay que defender.
Porque el Ciclón, como se sabe hace casi 107 años, no claudica -nunca- antes de tiempo. Podrá sufrir hasta el final; padecer un gol temprano de Danubio, el más accesible del grupo en los papeles, pero no se rinde, no baja los brazos. Y cuando en Montevideo ya estén desempolvando las banderas y revoleando las casacas, tiñendo las tribunas de blanco y negro, aparece Mauro Matos, el de los goles importantes, que irónicamente supo vestir los mismos colores, en Argentina. 
Faltan cinco minutos. Y el público Cuervo no se detiene a festejar, porque sabe, que aún falta, que esto no termina. Que todavía tiene que aparecer Mauro Cetto, y transformarse de zaguero a nueve de área, para que cuando Sebastián Blanco ejecute uno de los últimos tiros de esquina, la pelota se desvíe en el jugador de la Franja, le rebote en la cabeza y vaya directo al arco.
Y así fue como con el puño bien apretado y dos gritos para desahogarse, San Lorenzo, demostró con la mística copera que la corona aún sigue teniendo dueño, ya que los tres puntos, volaron a Boedo. 


Los goles del encuentro

Giuliana Pasquali
@giulipsl

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