jueves, 12 de febrero de 2015

MÁRTIR

Suma otra caída. De esas que duelen, más que ninguna. Donde una herida abierta quizás nunca termina de cicatrizar. Se multiplican las lágrimas y las ilusiones se desvanecen, pero esto sigue.
En un estadio colmado de hinchas entregados a su Fe, que una vez más dieron el presente en su cita, el elenco bajo el mando de Edgardo Bauza cayó nuevamente ante River que, no sólo se apropió del título, sino que logró ampliar la diferencia en un historial difícil de alcanzar.
Pese al bajo rendimiento de San Lorenzo, que exhibió un planteo razonablemente cuestionado del cual no sólo el técnico es responsable; en el que curiosamente un joven salido de la cantera de Núñez, Facundo Quignón, debió cumplir la difícil tarea de reemplazar a Franco Mussis, quien se retiró por una lesión; y, a su vez, complementarse con Juan Mercier para que la ausencia de Néstor Ortigoza no se notara, ya que la fiebre de la final lo marginó de la delegación; donde la arenga de Leandro Romagnoli desde afuera se extrañaba dentro del campo; y la displicencia de ciertos referentes obligó a Sebastián Blanco, flamante en el equipo, a comandar al resto. 
Al margen de todas esas falencias, el gol de Carlos Sánchez fue el que sentenció al conjunto de Boedo, escribiendo una historia que parecía repetirse y desvaneció las esperanzas que divagaban sin fuerza por la tribuna.


Giuliana Pasquali
@giulipsl

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