domingo, 1 de febrero de 2015

ANGELITO CORREA

Duele. La herida duele, como aquella operación repentina cuyos rumores nos preocuparon a todos, porque llegado el día, volaste lejos. Dejaste un hueco, importante y previsible, pero imposible de tapar al fin, con lágrimas, nostalgia y orgullo, además de esa amarga sensación de pretender seguir disfrutándote con la Azulgrana.
Pega. Tu ida pega, como cada hecho en tu historia de vida que nos llevó a sentirte aún más cercano, obligándonos a protegerte de cada dura crítica inmerecida que recibiste y defenderte, dejando inmaculada tu figura.
Pero todo, todo vuelve. Como un día volviste a las canchas invitándonos a soñar nuevamente. Deslumbrándonos, con tacos, gambetas, goles y cada destello de magia del cual el verde césped fue testigo.
Y volviste a volar. Porque en cada festejo abriste tus alas, de Ángel, con algunas plumas negras de Cuervo infiltradas, para que podamos admirar tu sencillez y humildad.
De Rosario, a Boedo y de América, a todo el mundo. Que sepan de vos, sinónimo de fútbol, como nos hiciste saber de él.  

¡Gracias, Angelito Correa!


Giuliana Pasquali
@giulipsl

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