ANGELITO CORREA
Duele. La herida
duele, como aquella operación repentina cuyos rumores nos preocuparon a todos,
porque llegado el día, volaste lejos. Dejaste un hueco, importante y
previsible, pero imposible de tapar al fin, con lágrimas, nostalgia y orgullo,
además de esa amarga sensación de pretender seguir disfrutándote con la
Azulgrana.
Pega. Tu ida pega,
como cada hecho en tu historia de vida que nos llevó a sentirte aún más
cercano, obligándonos a protegerte de cada dura crítica inmerecida que
recibiste y defenderte, dejando inmaculada tu figura.
Pero todo, todo
vuelve. Como un día volviste a las canchas invitándonos a soñar nuevamente.
Deslumbrándonos, con tacos, gambetas, goles y cada destello de magia del cual
el verde césped fue testigo.
Y volviste a volar.
Porque en cada festejo abriste tus alas, de Ángel, con algunas plumas
negras de Cuervo infiltradas, para que podamos admirar tu sencillez y humildad.
De Rosario, a Boedo y
de América, a todo el mundo. Que sepan de vos, sinónimo de fútbol, como nos
hiciste saber de él.
¡Gracias, Angelito
Correa!
Giuliana Pasquali
@giulipsl

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